Os cuento, el martes WGW y yo salimos a comernos la noche y la verdad es que lo pasamos genial! hacía mucho que no me dolían las costillas de reir tanto. Nos hicimos fotos, bebimos, bailamos y reimos. Una gran noche!!
A destacar:
- " Si es que no se puede ser tan guapas" juaas
- El lio en que me metió WGW cuando le dije de broma que le robara una copa a un tío e intentó hacerlo, la pillaron y ni corta ni perezosa le contó que se lo había dicho yo xD
- La mirada de extrañado que nos echó otro tío ¿Nos conoceria? a mí no me sonaba de nada y creo que a WGW tampoco, pero quien sabe...
- " Jajajajajajaaja" "¿De qué te ries? " Jajajajaja, de la tía esaa, has visto que parece un conejo?? ajajajajaja" "Dios, por tu culpa nos van a echar"----> WGW, haciendo amigas en el bingo
- "Felicidades!! jajajajajajaj" "zorra!!!"
Y después de esto que solo vamos a entender WGW y yo, pero lo pongo porque sí, seguimos con la historia que sé que teneis ganas. Prueba 6!!
Si encuentras
“Jugamos?”
Así comenzó la sexta prueba. Con un simple y sencillo mensaje. Esta vez queríamos convertirla en protagonista. Aunque realmente siempre lo había sido.
Ella se encargaría de mover la historia hoy.
Nos pusimos en contacto, y la convencimos para que nos reservase la tarde del martes.
En realidad no hubo problemas, ella estaba encantada de participar.
Y nosotros de que lo hiciese.
Sabíamos lo que queríamos hacer, así nos lo había explicado el loco del Ketchup, pero debíamos encontrar la manera de hacerlo.
Por eso quedamos para comer hoy, y organizamos la situación. El estar todos juntos, siempre nos ayuda a pensar. En realidad, muy pocas veces sabemos lo que queremos hacer, hasta que no nos juntamos todos una última vez.
“Que haces con todo eso?”
“Bien, esto forma parte de la primera pista…”
“Un sombrero de paja?”
“Eso es, eres un tipo muy listo…”
“Que te cobren mis cervezas!!”
“Venga en serio, explícanos de que va todo esto…”
“Bien, como os dije, hoy jugaremos con ella, o más bien ella jugará con nosotros…”
“Lo primero que vamos a hacer, es llevarla hasta el laberinto de Horta”
“El laberinto de Horta? Que tienes pensado hacer allí?”
“Allí dejaremos la primera de las pistas, que si sois un poco listos intuiréis cual es… …venga decidlo…”
“El sombrero de paja?…”
“Oh, de verdad, eres un puto genio, que te cobren también mi comida!!!”
“Pero si dejamos allí el sombrero, cualquiera se lo puede llevar, además que va a saber ella, viendo solo un sombrero…”
“Obviamente estaremos en cada una de las pruebas…no la podemos dejar sola, sino seria difícil saber lo que esta haciendo…no crees?”
“La verdad es que suena lógico, si,…va ahora en serio explícame que tienes pensado hacer…”
“Le enviaremos un sms citándola en el laberinto de Horta, ella sabe que esto empieza a las 17:30, de todos modos se lo recordaremos. Una vez llegue allí, dejaremos el sombrero con una nota dentro...
– Si encuentras la sonrisa, tu ganas…-“
“La sonrisa?...”
“Ese es el objetivo de la prueba de hoy, todas las pistas, la conducirán hasta la sonrisa…”
“O sea, que no estará en el laberinto, no?”
“Estoy enamorado de ti, en serio…”
“Va, no me jodas…”
“Pues claro que no tío, la sonrisa estará tras la última pista…”
“El laberinto sólo es el comienzo”
Una vez entendimos lo que pretendía hacer. Nos pusimos a ello. Mensaje enviado, y coche dirección Horta. Dos de nosotros llegamos allí a eso de las 17h.
Teníamos el sombrero, y teníamos la nota que engancharíamos dentro.
Ahora sólo nos quedaba esperar. Una vez ella llegase. Le enviaríamos un mensaje, explicándole lo que debía encontrar. E informándole que una vez tuviese el sombrero, debía dirigirse hacía Sagrada Familia.
Y llegó. Puntual, como parecía ser costumbre en ella.
“Deberías protegerte, no llevas paraguas, y está a punto de llover”
Vimos como lo recibía. Y como lo leía.
Es inteligente. Lo primero que hizo al levantar la cabeza, es ponerse a buscar por los alrededores.
Vimos como caminaba, y como se metía en el laberinto. Nosotros disimulamos, nos sentíamos naturales, nos sirvió la experiencia del teatro.
Entramos en el laberinto, y nos separamos. Aquí cometimos un error. Uno de los dos llevaba el sombrero, y era realmente el que mejor se movía en todo aquello. Debo reconocer que me encontraba un poco desubicado.
“Donde estás?”
“Donde deberías estar tu también…”
“Es que nunca había estado aquí dentro, creo que la he liado…”
“La ves?”
“Si, no te preocupes, que no la pierdo”
“Encárgate tu…”
“Nos vemos fuera entonces…”
“Eso espero…”
Afortunadamente uno de los dos era lo suficientemente hábil, como para llevar a cabo todo aquello, dejo el sombrero sobre la cabeza de la escultura central, y volvió a desaparecer entre las paredes del laberinto.
“Eh, todo ha salido perfecto, tiene el sombrero, y ha leído la nota, envíale el mensaje”
“Lo tiene? Vale, se lo envío…”
La siguiente pista se encontraba en Sagrada Familia, y así se lo hice saber. Me preocupaba que todos aquellos cambios de ubicación le pudiesen agobiar, pero realmente no parecía muy molesta.
“Perfecto! Sabes que te queda muy bien? Que tal si os venís hasta Sagrada Familia?”
Todo había salido como esperábamos. Bueno, realmente todo no, tuvimos un pequeño problema.
Vaya, que lo tuve yo.
“Oye, que tal si me vienes a buscar tío, llevo como 20 minutos dando vueltas por el laberinto, y no quepo entre medio…”
“Joder, mira que eres inútil, no te muevas anda…”
Una vez fuera de aquella cárcel de ramas y vegetación, informamos a los otros dos que debían ir hacía Sagrada familia, que ella ya había salido para allí.
En este caso serían el psicópata del Ketchup y Jaime los encargados de guiarla.
Os contaré lo que me contaron a mí. Que imagino que más o menos fue lo que sucedió.
David, como se llama el chico del Ketchup, se había encargado de todo. Pretendía dejarle una estampita de
Donde normalmente se amontonan interminables colas de guiris locos por subir.
“Vale Jaime, yo te esperaré en uno de los bares que hay por aquí cerca, encárgate tu de dejar la camisa en el banco, y de que llegue hasta ella”
“No te preocupes, yo me ocupo, pilla mi móvil, yo me quedo el tuyo, y así le envías el mensaje, cuando yo te avise de que ya está aquí”
“Perfecto tío. Hasta el momento entonces”
La chica llegó. Con el sombrero de paja en la mano. Rápidamente echo un vistazo a la zona para tratar de entender algo. O tratar de localizar a alguien. Es entonces cuando Jaime se puso en marcha.
Se acercó al banco y dejo la camisa encima. Ella estaba en la salida de la línea azul, justo en la calle donde quedaba todo. A unos pasos del banco.
“Me encanta como te queda el sombrero. En serio. Que tal si te pones mi camisa de cuadros? Te la dejo en el parque. Frente al templo”
Al principio no tomo el camino que debía. Y se perdió entre la marabunta de guiris, que esperaba para entrar. Dio un rodeo enorme, y encaró el sentido contrario. Jaime recogió la camisa, y se fue a seguirla. Estaba en el parque, pero justo en el del otro lado.
No vio nada. No había nada que ver. Es entonces cuando tomo la dirección correcta. Podía haber empezado por allí, pero imagino que si es fácil, no es divertido.
Jaime volvió a dejar la camisa sobre el banco. Según nos contó más de uno pensó en llevársela antes de que la chica lo hiciese.
Pero afortunadamente fue ella quien se la llevó.
Recogió la camisa, y leyó la parte de atrás de la estampita.
“Se te escapó la sonrisa. Pero no está muy lejos. Diría que la he visto en los baños del Viena. Cerca de Universidad. Si, diría que está allí!”
El Viena es un bar de bocadillos. Tal vez más que un bar. Es buen sitio para cenar, cuando no buscas grandes lujos.
Hasta el momento todo había salido bien. Las pistas le habían llegado sin muchas complicaciones. Aunque esta vez sería algo más difícil.
Volvía a hacerme responsable yo. Con la ayuda de otro compañero esta vez.
Quedamos en la parada de metro que hay frente al Lefties. Y recibimos una llamada de David.
“Bien, estáis allí?
“Si”
“Vale, debéis dejarle la nota bajo el lavamanos que hay en el baño de mujeres”
“Bajo el lavamanos?”
“Si, una vez llegue, le enviaremos un mensaje con las indicaciones”
“Lo envías tu?”
“Encárgate tu”
“Parecemos una puta mafia…”
“Parecemos?”
Esperamos un buen rato al otro lado de la calle. Hasta que finalmente apareció.
Cuando estaba a la altura de los cines, le enviamos un nuevo mensaje.
“Creo que la he visto en el baño de mujeres, pero yo no puedo entrar!!”
Entro rápidamente. Sin perder el tiempo. Tiene las ideas claras. Actúa, no piensa más de lo necesario.
Esperamos un rato desde la distancia, hasta que volvió a salir. Parecía buscar, parecía nerviosa.
Parecía pedir algún tipo de ayuda. O eso fue lo que intuimos.
Así que le echamos una mano.
“Es difícil atraparla? Yo la vi agachada bajo el espejo”
Creo que aquello fue lo que necesitaba. Esta vez no salió sin la nota. Nos encantó la expresión que tenía.
Durante unos segundos se detuvo frente al bar. Parecía esperarnos.
Lo habíamos vuelto a conseguir. Todo iba encarrilado. Demasiado tal vez. Nos decepcionaba que estuviese siendo tan sencillo.
Ahora ya no dependía de mí. David volvía a entrar en escena. Esta vez acompañado de Andrés. Mi compañero en el laberinto.
La historia la llevaba hasta el Maremágnum. Concretamente al paseo que hay frente al acuario.
“Donde crees que se puede esconder una sonrisa? En el interior de una boca? Yo conozco una cerca del acuario”
Llevaba la camisa puesta, y el sombrero en la mano, no había perdido el dibujo que tenía su cara desde el primer momento.
Cerca del acuario, al lado de un puesto de refrescos, hay una boca de la verdad, seguro que los que hayáis ido a Roma sabéis de lo que hablo.
No es más que un trasto inútil para engañar a jóvenes desorientados.
Llegó tarde, pero el cielo aún la esperaba. Al principio parecía bastante pérdida, miro en la atracción para niños que hay. Y fue directa a la puerta del acuario. No parecía muy convencida. Caminó por el paseo, junto a todas aquellas parejas que tomaban algo bajo una ficticia tranquilidad.
Andrés fue el que nos lo contó. El fue el encargado de observarla. Y de ver como tras un rato, se decepcionaba. Se sentó en un banco y se puso el sombrero en la cabeza.
Nos empezaba a enamorar esa chica.
Estaba claro que no había tirado la toalla. Para nada. Levantó la mirada, y fue entonces cuando entendió lo que quería decir aquel mensaje.
Decidida fue hasta allí. Y metió la mano en la fría boca de aquella entupida maquina recreativa.
Una vez más lo consiguió.
Cuando digo que nos empieza a enamorar esa chica. Es que realmente nos encanta de verdad. Cada gesto. Cada detalle, Cada momento. Empezamos a pensar, que al final nos quedaremos todos con ella.
Nos esperaban dos más. Pero esta vez todo quedaba mucho más cerca.
Nosotros nos íbamos enterando de todo, prácticamente al mismo tiempo que la chica. David nos indicaba lo que debíamos hacer, y nos guiaba a través de su compleja cabeza.
La quinta pista, estaba escondida en la trompa de un Mamut que hay en el parque de
Esta vez era cosa de Jaime encargarse. Yo me reservaba la prueba final.
Ella ya estaba de camino. Tras la nota del acuario, explicábamos hacia donde debía ir.
Y hacía allí también fue el. El chico del teatro. Ha cambiado muchísimo desde aquello. Bueno, realmente ahora comienza a pacerse, al que siempre debió ser.
Siguió el camino marcado. Y llegó cerca de las fuentes del parque. No hay mucha gente cuando anochece. O por lo menos no se muestran lo suficiente.
Sabía perfectamente donde debía ir. Es astuta. El mamut es una figura enorme que hay en el parque. Realmente no se que pinta allí, imagino que debe tener algún tipo de significado, pero jamás se lo he encontrado.
La noche tenía un pie dentro. Aquello no está muy bien iluminado. Y no quedaba mucho tiempo.
“Escuchas al Mamut?”
Esa era la frase que acompañaba a las indicaciones, de la nota del acuario.
Y tanto que lo escuchó. Se dirigió hacía el, y cogió la última señal que habíamos dejado.
Se hizo con aquella pista, como se había hecho con todas las anteriores.
Todo muy rápido. Demasiado rápido.
Nos encantaba que todo saliese bien, pero no que fuese tan breve.
Hasta el momento todo era perfecto. Y lo perfecto es siempre aburrido.
Bajo la nota del Mamut, la última pista.
“Te espero cerca del mar. A la altura del Hospital”
Ese era el último paso. Y de nuevo me tocaba a mí.
El hospital del mar, junto al paseo. Frente a toda aquella libertad.
Ella llevaba toda la tarde buscando una sonrisa, y al final merecía encontrarla, no se lo pondríamos difícil. Aunque visto lo visto, no iba a tenerlo.
“Estoy esperando a que llegue, tu crees que tardará?”
“Jaime vio como salía, no creo que más de 25 minutos”
“Entonces, en que consiste esto?…”
“Debes hacer que vaya hasta el mar...”
“Hasta el mar?”
“Que baje a la playa vamos, una vez allí, deberías tener dibujada una sonrisa, justo en la arena”
“O sea tengo que dibujar una sonrisa en la arena, y esperar a que la encuentre?”
“La encontrará…no has visto el ritmo que lleva? A este paso nos descubre antes de llegar a la próxima prueba…”
“Bueno, lo intentaré…”
“De todos modos, nosotros vamos hacía allí…”
Llegó, como llega siempre. Y cruzó hasta la barandilla que hay en el paseo, se asomó y miró hacía la poca gente que quedaba en la playa en aquel momento.
Esta vez no parecía muy segura, miraba a los que pasaban corriendo, a los que iban en bici, a los que todavía paseaban. Camino un poco.
Pero nos parecía esperar.
Y llegamos.
“No te quieres ensuciar los pies? Te estoy esperando donde la arena está más húmeda…”
Miro el móvil. Y lo guardó. Volvía a estar decidida. Es algo que me gusta de ella. No pierde el tiempo, ni trata de convencerle de nada. Pasa por encima de el. Tiene muy claro, que el acabará pasando por encima de ella, pero jamás le permitirá que la entierre, si aún puede seguir caminado.
Se descalzó. Zapatos en mano. Sombrero en la otra, Todavía llevaba la camisa puesta.
El pelo le molestaba. Pero seguía avanzando. Me dirigí hacía ella, lo dibujé justo antes de que bajara, nos cruzamos en la escalera, pero no me conoce de nada.
Me esperé apoyado en la baranda. Y vi como llegaban todos. Jaime, David, Guille, Andrés.
“Creéis que lo verá?”
“Está claro”
“Sabes si tiene alguna hermana gemela?”
“Ella? Ella no tiene a nadie que se le parezca”
Vimos como caminaba por el pequeño camino, que queda entre la arena y el mar. Buscaba y buscaba, estaba decidida a encontrar.
Y se detuvo. Se detuvo cuando lo encontró.
Vimos como lo miraba. Y como levantaba la cabeza después. Justo antes de volverse a poner el sombrero.
Estoy seguro que era una manera de decir “Lo conseguí, yo gané”
Y tenía razón. Nos había ganado. Pero no sabía cuanto.
Recibió un último mensaje. Mientras marchábamos y la dejábamos atrás.
“Tu ganas, mi sonrisa es tuya”.
uyuyuy se vana enchochar tos?? estoq ess ajaja
ResponderEliminarSuper curras las pruebas si yo fuera esa xica.... creoq no aria tantas coss...soy mu floja pa to eso ajaj
....esa xica movia la boka como 1 conejo.......